La inteligencia artificial forma parte de nuestra vida desde hace tiempo. El reto actual, en palabras de la diputada ucraniana Larysa Bilozir, consiste en hacer que la tecnología trabaje para las personas y no al revés. A medida que la IA transforma el empleo, los servicios públicos y la toma de decisiones gubernamentales, la cuestión crucial no es solo lo que puede hacer, sino si protege los derechos, la dignidad y el acceso equitativo a las oportunidades. La respuesta depende, ante todo, de un principio: la IA debe asistir al juicio humano, nunca sustituirlo.
Este artículo se basa en las preguntas elaboradas por ASSEDEL, una organización que promueve el debate público informado sobre tecnología, derechos humanos y desarrollo social, y en una entrevista que Bilozir concedió a los medios de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa (PACE). La entrevista tuvo lugar en la víspera de la presentación de su informe ante la Comisión de Migraciones, un borrador de conclusión sobre el papel de la OCDE en la evaluación del impacto de la inteligencia artificial en el futuro del trabajo. En ella, junto al periodista Nayan Dubey, analizó los principales hallazgos de dicho informe.
La IA y el futuro del trabajo
¿Creará la IA nuevos empleos o se limitará a destruir los existentes? La respuesta de Bilozir es que no solo destruirá puestos de trabajo, sino que también creará otros nuevos. La pregunta más difícil es quién podrá acceder a esos nuevos puestos. Su conclusión es que la reconversión profesional y el acceso a nuevas competencias deben ser parte integrante de la transformación, y no una consideración secundaria.
El debate fue más allá de cómo la IA modifica el empleo, las profesiones y los requisitos exigidos a los trabajadores. También planteó quién tendrá acceso a las nuevas oportunidades que esta genera.
Para Ucrania, esta es también una cuestión clave para la futura recuperación. Las tecnologías digitales, las nuevas profesiones y las nuevas capacidades pueden convertirse en un elemento fundamental para reconstruir y modernizar el mercado laboral ucraniano tras la destrucción causada por la guerra.
Migrantes, refugiados y personas desplazadas
Bilozir subraya que los migrantes, los refugiados y las personas desplazadas por la fuerza son especialmente vulnerables en un mercado laboral impulsado por la IA. Los sistemas automatizados pueden actuar en su contra de forma silenciosa:
- El algoritmo puede no reconocer un título universitario extranjero.
- Puede no contabilizar la experiencia profesional adquirida en otro país.
- Puede interpretar una interrupción de la carrera profesional causada por la guerra como una desventaja.
Las consecuencias son graves. Un ingeniero o una enfermera ucraniana pueden ser rechazados por el sistema antes de que un ser humano haya visto su currículum. Para quienes ya lo han perdido todo, un rechazo automatizado e inexplicable puede suponer la pérdida de ingresos y de oportunidades en el momento preciso en que intentan rehacer sus vidas.
Por esta razón, su informe, elaborado en el seno de la Comisión de Migraciones del Consejo de Europa, aborda la IA y el futuro del trabajo como un asunto tanto de derechos humanos como económico. Una tecnología que excluye a las personas desplazadas de manera invisible vulnera la igualdad de acceso a las oportunidades que promete una sociedad digital justa.
Por qué la supervisión humana debe mantenerse?
Bilozir sostiene que las decisiones con un impacto grave en una persona no pueden dejarse únicamente en manos de un algoritmo. Este es el principio de la supervisión humana: una persona real debe seguir participando en cualquier proceso automatizado que afecte significativamente a la vida de alguien y asumir la responsabilidad del mismo, especialmente cuando están en juego el empleo, los ingresos, la asistencia pública o el estatus legal.
La IA es una herramienta potente para procesar información, detectar patrones y agilizar el trabajo rutinario. Sin embargo, no puede sopesar el contexto personal, mostrar compasión ni asumir responsabilidades. Puede reproducir sesgos ocultos y cometer errores que nadie advierte hasta que se produce un daño real.
Su llamamiento, y las salvaguardias que de él se derivan, son claros:
- Supervisión humana: una persona capacitada revisa y puede anular decisiones con consecuencias graves.
- Auditorías periódicas: los sistemas se someten a verificaciones rutinarias para detectar posibles discriminaciones.
- Normas claras de protección de los derechos humanos: marcos legales que establezcan límites firmes al uso de sistemas automatizados.
- Transparencia y derecho a recurrir: las personas deben saber cuándo se utiliza la IA y tener la posibilidad de que un ser humano reconsidere una decisión automatizada.
La supervisión humana no supone un rechazo a la innovación. Mantiene la tecnología rindiendo cuentas ante las personas a las que sirve y garantiza que los errores puedan cuestionarse y corregirse.
Los derechos humanos como derechos digitales
En una sociedad digital, los derechos humanos deben entenderse como derechos digitales. La privacidad, la igualdad, la libertad de expresión, el acceso a los servicios públicos, la no discriminación y la dignidad humana deben permanecer protegidos cuando las decisiones se toman a través de programas informáticos, y deben aplicarse a todas las personas, incluidas aquellas que acaban de llegar a un país o se encuentran lejos de su hogar.
Los sistemas digitales deben construirse para las personas, y no de forma que obliguen a las personas a servir al sistema. Los derechos de una persona, su dignidad y su acceso al apoyo estatal deben prevalecer siempre sobre los resultados de un algoritmo.
La experiencia digital de Ucrania
Ucrania cuenta ya con su propia experiencia singular. La aplicación Diia, los servicios públicos digitales y la preservación de los registros públicos durante la guerra demuestran cómo la tecnología puede garantizar la resiliencia del Estado incluso cuando las infraestructuras físicas resultan dañadas.
Durante la recuperación, la IA puede contribuir a fortalecer la administración pública, mejorar los servicios y abrir nuevas oportunidades económicas. Sin embargo, el progreso debe ir acompañado de garantías legales, control democrático y acceso equitativo, siendo las personas, y no las máquinas, quienes asuman la responsabilidad final.
Una responsabilidad compartida
Las cuestiones planteadas por ASSEDEL y abordadas en el informe de Bilozir señalan una preocupación central: ¿quién se beneficiará de la inteligencia artificial y quién podría quedar relegado?
Mira el video de la entrevista en YouTube:





