
De todas las amenazas a las que se enfrenta hoy la democracia europea, la desinformación ha adquirido un lugar importante en la agenda política, no porque sea una de las más visibles, sino porque socava todos los demás pilares de la vida democrática. El Secretario General del Consejo de Europa, Alain Goblin, la sitúa explícitamente junto a la guerra, la inestabilidad geopolítica y el cambio climático como una de las fuerzas que contribuyen a lo que él denomina una “tormenta perfecta” para la democracia.
El Nuevo Pacto Democrático para Europa, como el intento más ambicioso del Consejo de Europa en años por renovar la cultura democrática en sus 46 Estados miembros, identifica la firme defensa frente a la desinformación como uno de sus compromisos centrales. Y esto no es una coincidencia. Cuando los jefes de Estado se reunieron en Reikiavik en 2023 y acordaron que las instituciones democráticas y su entorno se encuentran en un “declive que se refuerza mutuamente”, la desinformación ya había sido señalada como una de las principales causas de este deterioro.
Los políticos de toda Europa han llegado a una conclusión compartida: la desinformación ya no es una cuestión marginal. Se ha convertido en una amenaza estructural para la integridad de las elecciones, la credibilidad de las instituciones y la capacidad de los ciudadanos para tomar decisiones informadas. Para comprender por qué el Nuevo Pacto Democrático se toma esta cuestión tan en serio, primero es necesario entender cómo funciona la desinformación.
Más que noticias falsas
A menudo se piensa que la desinformación consiste simplemente en historias falsas difundidas en Internet o en titulares engañosos compartidos por actores malintencionados. Sin embargo, el problema es mucho más profundo. Como se destaca en el Informe de 2025 del Secretario General del Consejo de Europa, la desinformación ya ha influido en elecciones y procesos democráticos en varios Estados miembros, al tiempo que ha contribuido al aumento de la polarización social. El informe reconoce abiertamente que los esfuerzos actuales para combatir la desinformación en línea siguen teniendo dificultades para mantenerse al día con los desafíos existentes.
Esta distinción es realmente importante. Lo que hace que la desinformación sea tan peligrosa no es únicamente que difunda información falsa, sino que también erosiona lentamente la confianza: en las instituciones, en los medios de comunicación e incluso entre los propios ciudadanos. En el entorno digital actual, los contenidos que provocan ira o reacciones emocionales suelen difundirse más rápidamente que la información precisa.
Los procesos electorales bajo presión
Los efectos de la desinformación se hacen especialmente visibles durante los procesos electorales. El informe de 2025 del Consejo de Europa identifica la integridad electoral como una de las áreas de mayor preocupación en los Estados miembros, señalando que la desinformación, la injerencia extranjera y el uso indebido de recursos públicos están influyendo activamente en las campañas políticas. No se trata de un problema hipotético: por ejemplo, se han documentado campañas de desinformación vinculadas a Rusia en procesos electorales de varios Estados miembros, con especial preocupación en la República de Moldova. Del mismo modo, tras la anulación de las elecciones presidenciales en Rumanía, se identificaron patrones similares de manipulación. Incluso en el período previo a las elecciones al Parlamento Europeo, el entorno informativo estuvo marcado por intentos coordinados de generar confusión y polarizar a los votantes.
Es fundamental subrayar que lo que hace especialmente peligrosa la desinformación electoral es su momento de difusión. A diferencia de una afirmación falsa sobre la ciencia climática o la salud pública, que los expertos pueden corregir a lo largo de semanas o meses, la desinformación relacionada con unas elecciones suele difundirse durante los últimos días antes de la votación, cuando queda poco tiempo para verificar la información o corregir los daños causados. El Consejo de Europa ha destacado que unos marcos jurídicos más sólidos para las campañas políticas en línea, incluida la transparencia en la publicidad, la financiación de las campañas y los algoritmos de las plataformas, son salvaguardias esenciales. Sin embargo, en la actualidad, estos marcos siguen siendo incompletos o se aplican de manera desigual en los distintos Estados miembros.
La IA y la nueva era de la desinformación
La inteligencia artificial ha transformado el panorama de la desinformación de maneras que apenas estamos empezando a comprender plenamente. El informe de 2025 destaca que las amenazas impulsadas por la IA afectan cada vez más tanto a la privacidad como a la democracia, mientras el ciberdelito aumenta y los contenidos generados por IA se utilizan cada vez más para atacar a personas. Herramientas como los deepfakes, el audio sintético y los contenidos amplificados algorítmicamente han reducido prácticamente a cero el coste de producir desinformación convincente, al tiempo que han hecho mucho más difícil detectarla y combatirla.
Este cambio tecnológico tiene importantes implicaciones para la forma en que el Nuevo Pacto Democrático aborda el problema. Las herramientas tradicionales, diseñadas para un entorno informativo anterior a la IA —como las medidas regulatorias, las redes de verificación de datos y las campañas de alfabetización mediática— siguen siendo necesarias, pero ya no son suficientes. El Consejo de Europa ya ha dado un paso importante con la adopción, en mayo de 2024, del “Convenio Marco sobre Inteligencia Artificial y Derechos Humanos, Democracia y Estado de Derecho”, el primer tratado internacional jurídicamente vinculante sobre IA. Sin embargo, teniendo en cuenta la rapidez con la que evoluciona la tecnología, el Pacto deberá revisar periódicamente este marco para garantizar que siga siendo eficaz.
El vínculo entre la libertad de prensa y la desinformación
Es imposible hablar de desinformación sin hablar de libertad de prensa. De hecho, una prensa independiente, bien dotada de recursos y protegida jurídicamente constituye la defensa estructural más eficaz contra la desinformación. Sin embargo, en muchos Estados miembros del Consejo de Europa, periodistas y organizaciones de medios de comunicación se enfrentan a una presión cada vez mayor.
La Plataforma para la Seguridad de los Periodistas, gestionada por el Consejo de Europa, ha emitido más de 2.000 alertas desde 2015, poniendo de relieve las amenazas a la libertad de prensa en todo el continente. Los periodistas se enfrentan a amenazas y acoso, tanto en línea como fuera de Internet, y las autoridades a menudo han respondido de manera insuficiente o demasiado lenta. Las demandas abusivas por difamación, conocidas como SLAPPs (demandas estratégicas contra la participación pública), se utilizan sistemáticamente para silenciar el periodismo de investigación, no necesariamente para ganar en los tribunales, sino para someter a periodistas y organizaciones de medios a años de costosos litigios.
El Nuevo Pacto Democrático reconoce explícitamente esta conexión. La lucha contra la desinformación figura entre los objetivos centrales del Pacto, al igual que la protección de los medios de comunicación libres y la preservación de un espacio cívico abierto. Estos objetivos son mutuamente dependientes: una prensa libre no puede sobrevivir en un entorno saturado de desinformación, y la desinformación no puede combatirse eficazmente sin una prensa libre.
Reconstruir la confianza en la democracia
La respuesta del Consejo de Europa a la desinformación va más allá de las medidas reactivas. A través de los “10 elementos para reforzar la integridad de la información”, el Consejo ha desarrollado un marco político destinado a ayudar a los Estados a elaborar estrategias nacionales centradas en la alfabetización mediática, el periodismo de calidad y la rendición de cuentas de las plataformas. Esto se complementa con el proyecto RESIST (2025-2030), que trabaja para identificar las vulnerabilidades sociales y reforzar la capacidad de los ciudadanos para reconocer y resistir la manipulación mediante la educación y la cultura.
Al mismo tiempo, el informe deja claro que la lucha contra la desinformación no puede llevarse a cabo a costa de la libertad de expresión. Cualquier respuesta debe ajustarse al artículo 10 del Convenio Europeo de Derechos Humanos, lo que significa que la censura, la eliminación excesivamente amplia de contenidos o el uso indebido de las leyes contra la desinformación para silenciar debates políticos legítimos no son soluciones aceptables.
Lo más importante es que el Nuevo Pacto Democrático considera la desinformación no simplemente como un problema de comunicación, sino como un síntoma de un déficit democrático. Cuando los ciudadanos se sienten excluidos de la toma de decisiones, cuando las instituciones son percibidas como corruptas o capturadas por intereses particulares, cuando aumenta la desigualdad y las promesas políticas quedan sin cumplir, se generan las condiciones en las que la desinformación prospera. Por tanto, abordar la desinformación requiere también abordar el entorno político y social que la hace persuasiva.
Esta es precisamente la ambición del Pacto: reconstruir una cultura democrática que haga a las sociedades más resistentes a la manipulación desde el principio. Convertir esta ambición en una acción coherente en los 46 Estados miembros sigue siendo, sin embargo, el desafío fundamental.
ASSEDEL