
ASSEDEL conversó con Hannah Neumann, miembro del Parlamento Europeo del grupo Los Verdes/Alianza Libre Europea (Verdes/ALE), sobre la creciente amenaza de la represión transnacional, la necesidad de una respuesta europea coordinada y el papel de la sociedad civil en la protección de disidentes, activistas y comunidades de la diáspora que viven en Europa.
Una respuesta europea largamente esperada
Neumann explicó que el informe del Parlamento Europeo sobre la represión transnacional está «muy atrasado». Aunque la atención pública suele centrarse en los casos más visibles, como los asesinatos o los secuestros, destacó que muchas formas de represión permanecen ocultas. Entre ellas se encuentran la intimidación, la vigilancia digital, la presión financiera, la coerción mediante servicios consulares y las amenazas contra familiares.
Una amenaza cambiante y cada vez más digital
Según Neumann, los Estados autoritarios intercambian cada vez más tácticas, cooperan con el crimen organizado y aprovechan las lagunas existentes en los sistemas europeos. Las herramientas digitales, los programas espía y las redes sociales han facilitado que los regímenes amenacen a personas a distancia, sin necesidad de operar físicamente dentro de la Unión Europea.
Cuando los sistemas europeos se convierten en instrumentos de represión
Una de las principales preocupaciones planteadas durante la entrevista fue la manera en que los sistemas europeos pueden ser utilizados indebidamente para perseguir a disidentes. Neumann señaló ejemplos relacionados con listas negras financieras, el acceso a cuentas bancarias, los procedimientos migratorios y los servicios consulares. En su opinión, la UE debe reconocer, en primer lugar, que sus propios sistemas pueden convertirse involuntariamente en facilitadores de la represión transnacional y, posteriormente, trabajar para cerrar estas lagunas.
El papel crucial de la sociedad civil
Neumann también subrayó la importancia de las ONG, las organizaciones de derechos humanos y las estructuras de las comunidades de la diáspora. Muchas víctimas no denuncian las amenazas ante la policía, ya sea porque no confían en las autoridades estatales debido a sus experiencias en sus países de origen, o porque temen ser consideradas «personas problemáticas» mientras atraviesan procedimientos de asilo o migración. Por esta razón, las organizaciones de la sociedad civil suelen ser el primer punto de contacto para las víctimas y desempeñan un papel crucial en la prevención, la documentación y el apoyo.
El coste personal de alzar la voz
La entrevista también abordó la propia experiencia de Neumann al ser objeto de amenazas. Explicó cómo los intentos de intimidarla reforzaron su decisión de no permanecer en silencio. Sin embargo, también habló del coste emocional de esta decisión, especialmente cuando las amenazas afectan a familiares. Su testimonio puso de relieve una de las dimensiones más dolorosas de la represión transnacional: el uso de familiares, especialmente de aquellos que permanecen en el país de origen, como medio para silenciar las voces políticas en el extranjero.
Un problema oculto con numerosos casos no denunciados
Para Neumann, la magnitud del problema se hizo aún más evidente después de que hablara públicamente sobre el tema. Muchas personas se pusieron en contacto con ella para contarle que habían vivido situaciones similares, pero que no sabían dónde denunciarlas. Según Neumann, esto demuestra hasta qué punto sigue siendo amplia en Europa la «zona oscura» de los casos de represión transnacional que no se denuncian.
ASSEDEL, con sede en Estrasburgo y comprometida con la promoción de los derechos humanos y los valores europeos, continúa trabajando para concienciar sobre las amenazas a las que se enfrentan disidentes, activistas, periodistas y comunidades de la diáspora en toda Europa.
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