“En lugar de hablar en nombre de las supervivientes, creamos espacios donde ellas pueden liderar”: Stand Speak Rise Up! sobre las respuestas globales a la violencia sexual relacionada con los conflictos.

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Desde su creación en 2019 por Su Alteza Real la Gran Duquesa María Teresa de Luxemburgo y Chékéba Hachemi, y actualmente rodeada de reconocidas figuras internacionales como el Dr. Mukwege, Pramila Patten, el Prof. Yunus, Céline Bardet, entre otras, Stand Speak Rise Up! apoya a las supervivientes de violencia sexual en zonas frágiles y a los niños nacidos como consecuencia de violaciones, mediante proyectos sobre el terreno, así como a través de acciones de incidencia llevadas a cabo por su Consejo de Administración. La asociación financia así proyectos integrales en todo el mundo destinados a la reconstrucción y a la integración socioeconómica de las supervivientes y de los niños nacidos de violaciones.

En los conflictos, los cuerpos de las mujeres se convierten en parte del campo de batalla; las agresiones sexuales se utilizan activamente para dañar al enemigo, alterando los vínculos sociales e invadiendo la esfera más íntima de la vida de las personas. Esto tiene, por supuesto, sus raíces en la concepción patriarcal de que las mujeres son propiedad de los hombres. Por ello, consideramos importante prevenir y actuar desde el origen mediante la educación y la sensibilización, con el fin de generar un cambio social a largo plazo. ¿Cómo cree que deberían abordar esta cuestión las instituciones de todo el mundo?

En primer lugar, las instituciones de todo el mundo deberían garantizar la aplicación efectiva de las normas de las Naciones Unidas. Aunque numerosos tratados de derechos humanos y resoluciones de la ONU condenan la violencia sexual como arma de guerra, estos compromisos no siempre se aplican plenamente en los sistemas jurídicos e institucionales nacionales. También es esencial formar a los funcionarios públicos, así como al personal militar y de seguridad. Esta formación ayuda a garantizar que la violencia sexual no se perciba como una consecuencia inevitable de la guerra, sino como una táctica deliberada de dominación que debe prevenirse y castigarse.

Por supuesto, las instituciones también deberían centrarse en la educación desde los primeros años de escolarización, cuestionar las normas patriarcales y desmantelar la idea de que los cuerpos de las mujeres son mercancías. Por ello, el personal de Stand Speak Rise Up! interviene regularmente en las escuelas. También estamos desarrollando una red de jóvenes embajadores para sensibilizar a la juventud y construir una generación comprometida con la justicia y la igualdad.

Como organización de la sociedad civil, en ASSEDEL nos preguntamos, ante todo, cuáles son algunas de las acciones concretas que la sociedad civil puede llevar a cabo, más allá de la sensibilización, para prevenir y responder a la violencia sexual relacionada con los conflictos.

Las organizaciones de la sociedad civil desempeñan un papel decisivo que va mucho más allá de la sensibilización. Pueden contribuir de manera concreta invirtiendo en prevención, especialmente mediante programas educativos que involucren a niños y hombres en torno a masculinidades positivas, igualdad de género y normas de comportamiento no violentas. Cambiar las actitudes sociales a nivel comunitario es esencial para abordar las causas profundas de la violencia sexual relacionada con los conflictos y prevenir su repetición.

La sociedad civil también puede movilizar recursos financieros y establecer alianzas para apoyar iniciativas centradas en las supervivientes. Esto incluye financiar el acceso a atención médica y psicosocial, asistencia jurídica, educación y oportunidades de subsistencia que permitan a las supervivientes reconstruir sus vidas con dignidad. Apoyar a las organizaciones locales y dirigidas por supervivientes es especialmente importante, ya que a menudo son las primeras en responder y están mejor posicionadas para ofrecer un apoyo adaptado culturalmente y basado en la confianza.

Además, la sociedad civil desempeña un papel fundamental en la incidencia política y la rendición de cuentas. Al colaborar con líderes políticos e instituciones, las organizaciones pueden impulsar políticas de prevención más sólidas, mejores mecanismos de protección y medidas concretas contra la impunidad. También pueden contribuir a documentar las violaciones y apoyar las vías de acceso a la justicia, garantizando que las voces de las supervivientes sean escuchadas y que los crímenes sean reconocidos y perseguidos judicialmente.

Por último, la sociedad civil contribuye a crear protección a nivel comunitario mediante la creación de espacios seguros, el fortalecimiento de las redes de derivación y el fomento de la solidaridad en torno a las supervivientes. Al actuar como puente entre las comunidades, las instituciones y los actores internacionales, garantiza que las respuestas se basen en las necesidades reales y que las supervivientes reciban un apoyo integral y sostenible.

Hacer frente a la violencia sexual ya es difícil en la vida cotidiana; solo podemos imaginar lo que debe significar hacerlo en un contexto de conflicto, donde no existe seguridad y el acceso al apoyo físico y psicológico suele verse obstaculizado. ¿Qué medidas pueden adoptar las instituciones que trabajan sobre el terreno para apoyar a las supervivientes?

Las instituciones que operan en contextos de conflicto deben adoptar enfoques centrados en las supervivientes y sensibles al trauma, que tengan en cuenta la extrema inseguridad y vulnerabilidad a las que estas se enfrentan. Es fundamental garantizar un acceso inmediato y seguro a la atención médica, incluidos los servicios de salud sexual y reproductiva, el tratamiento de emergencia y el seguimiento a largo plazo. El apoyo psicosocial también debe estar disponible mediante equipos móviles, servicios comunitarios y atención de salud mental adaptada culturalmente, especialmente en lugares donde las infraestructuras se encuentran debilitadas o destruidas.

Un marco especialmente poderoso es el modelo integral desarrollado por el Dr. Denis Mukwege, Premio Nobel de la Paz y miembro del Consejo de Administración de Stand Speak Rise Up!, basado en cuatro pilares: atención médica, apoyo psicosocial, asistencia jurídica y reintegración socioeconómica. Este enfoque integrado reconoce que la recuperación no es únicamente física, sino también psicológica, social y económica. Garantiza que las supervivientes reciban un apoyo integral, en lugar de intervenciones fragmentadas.

La protección y la confidencialidad son igualmente fundamentales. Las supervivientes deben poder buscar ayuda sin temor a represalias, estigmatización o exclusión. Por ello, es esencial una sólida coordinación entre los actores sanitarios, jurídicos, de protección y humanitarios para crear vías seguras de derivación y garantizar la continuidad de la atención.

En Stand Speak Rise Up!, nos inspira profundamente esta visión integral. Apoyar a las supervivientes no significa únicamente responder a sus necesidades inmediatas, sino también invertir en su autonomía a largo plazo mediante la educación, la formación profesional y el empoderamiento económico. Las supervivientes no deben ser consideradas únicamente como beneficiarias de asistencia, sino como socias y agentes de cambio, cuya resiliencia y liderazgo son fundamentales para una recuperación y una prevención sostenibles.

¿Cómo es posible llegar a los soldados cuando las autoridades incentivan o expresan un consentimiento tácito al uso de la violencia sexual como arma contra el enemigo?

Llegar a los soldados en contextos donde la violencia sexual es tolerada o incluso alentada por las autoridades es extremadamente difícil, pero no imposible. Un punto de entrada importante es la formación y la participación dentro de las propias estructuras militares y de seguridad, incluyendo la integración del derecho internacional humanitario en la formación militar, el trabajo con los comandantes en materia de códigos de conducta y el apoyo a los mecanismos internos de rendición de cuentas. Incluso en entornos políticos difíciles, suele haber personas y unidades dispuestas a abordar cuestiones relacionadas con la protección de la población civil y la ética profesional. Fortalecer su capacidad y responsabilidad puede contribuir a establecer normas internas que rechacen el uso de la violencia sexual.

Otro enfoque clave consiste en reforzar los mecanismos de rendición de cuentas. Cuando se documentan los crímenes y las consecuencias jurídicas se vuelven creíbles, ya sea a nivel nacional o internacional, se envía una señal clara dentro de los grupos armados de que estos actos no quedan impunes. Esto puede lograrse mediante investigaciones independientes, la preservación de pruebas y la cooperación con mecanismos internacionales, como la Corte Penal Internacional, cuando los sistemas nacionales no funcionan adecuadamente. Esto contribuye a la disuasión y puede influir en el comportamiento con el tiempo.

La participación también puede producirse indirectamente mediante enfoques comunitarios y programas de reintegración. Los antiguos combatientes, veteranos y redes de pares pueden desempeñar un papel importante en la transformación de las normas desde dentro, especialmente cuando los debates abordan cuestiones como la masculinidad, el trauma, el poder y la responsabilidad, por ejemplo mediante apoyo psicosocial, iniciativas de diálogo y programas de liderazgo que promuevan masculinidades no violentas y el respeto hacia la población civil.

Por último, la labor sostenida de incidencia a nivel internacional sigue siendo esencial. La sociedad civil y las instituciones deben continuar ejerciendo presión sobre los líderes políticos y militares para que cumplan sus obligaciones en virtud del derecho internacional, protejan a la población civil y condenen inequívocamente el uso de la violencia sexual, mediante presión diplomática, sanciones, financiación condicionada y la publicación de informes. Incluso cuando existe un consentimiento tácito, una participación internacional constante puede modificar gradualmente los incentivos y abrir espacio para iniciativas de prevención dentro de las fuerzas armadas, al tiempo que apoya a los actores locales y a las organizaciones dirigidas por supervivientes que trabajan en la documentación y la protección.

¿Qué impactos a largo plazo experimentan los niños nacidos como consecuencia de la violencia sexual relacionada con los conflictos dentro de sus familias y comunidades? ¿Cómo aborda su organización las necesidades y los derechos específicos de los niños nacidos como consecuencia de violaciones en contextos de conflicto?

Los daños específicos que sufren los niños concebidos como consecuencia de la violencia sexual relacionada con los conflictos (CRSV, por sus siglas en inglés) solo recientemente han comenzado a reconocerse como una cuestión de derechos humanos. Se estima que decenas de miles de niños han nacido como consecuencia de la violencia sexual o la explotación en conflictos durante las últimas décadas. Desde su nacimiento, muchos de estos niños crecen cargando con las consecuencias sociales de la violencia que rodeó su concepción. Debido a que en ocasiones son asociados con el “enemigo”, pueden enfrentarse al rechazo, la estigmatización y la discriminación dentro de sus familias y comunidades.

Las consecuencias pueden ser duraderas. Muchos sufren angustia psicológica, exclusión social, acoso o aislamiento. En algunos casos, los niños han sido abandonados o, en situaciones extremas, han estado expuestos a la violencia durante sus primeros años de vida. Las dificultades económicas también aumentan su vulnerabilidad a la inseguridad alimentaria, el acceso limitado a la educación y la falta de atención sanitaria. Algunos también pueden enfrentarse a riesgos como la explotación, la trata de personas o el reclutamiento por parte de grupos armados.

A medida que crecen, también pueden aparecer obstáculos legales. En algunos países, los niños nacidos como consecuencia de violaciones durante la guerra pueden tener dificultades para obtener la ciudadanía, especialmente cuando la nacionalidad se basa en la filiación o cuando el padre es desconocido, está ausente o es considerado un enemigo. Sin identidad jurídica, el acceso a la educación, la atención sanitaria y el empleo se vuelve más difícil, y la libertad de movimiento puede verse restringida.

Desde 2019, Stand Speak Rise Up! trabaja para lograr el reconocimiento jurídico y la inclusión social de los niños nacidos como consecuencia de la CRSV. En 2022 se produjo un avance significativo en Bosnia y Herzegovina, donde estos niños fueron reconocidos como víctimas civiles de guerra, lo que les permitió acceder a indemnizaciones. En 2024, la asociación reforzó sus esfuerzos de incidencia y sensibilización mediante proyecciones cinematográficas y documentales, entre ellos Hawar, Our Banished Children y The Wound Is Where the Light Enters. La organización también desarrolló alianzas para amplificar las voces de estos niños y defender sus derechos fundamentales.

Además, Stand Speak Rise Up! apoya proyectos educativos concretos para niños nacidos como consecuencia de violaciones en contextos de conflicto, especialmente en Uganda y en la República Democrática del Congo. Estas iniciativas tienen como objetivo garantizar el acceso a la educación, cubrir las tasas escolares y los materiales educativos, y proporcionar apoyo psicosocial cuando sea necesario. Al invertir en educación, la organización busca romper los ciclos de exclusión y vulnerabilidad, restaurar la dignidad y crear oportunidades reales de inclusión social y autonomía. A través de estas acciones jurídicas, de incidencia y sobre el terreno, Stand Speak Rise Up! trabaja para garantizar que estos niños sean reconocidos no como símbolos de violencia, sino como titulares de derechos con todo su potencial y con un futuro por delante.

¿Qué responsabilidades tienen los medios de comunicación y los actores internacionales al amplificar las voces de las supervivientes? ¿Cómo pueden equilibrar la visibilidad y las iniciativas de incidencia con la sensibilización, la privacidad y la protección?

Los medios de comunicación y los actores internacionales tienen una gran responsabilidad a la hora de amplificar las voces de las supervivientes. Deben garantizar que las entrevistas se realicen con cuidado, con un consentimiento informado y claro, y con un estricto respeto por la privacidad, la seguridad y los límites de las supervivientes. Nunca se debe presionar a las supervivientes para que compartan detalles y deben tener la posibilidad de permanecer en el anonimato o retirarse en cualquier momento. Evitar el sensacionalismo es esencial para prevenir la retraumatización y daños adicionales.

Más allá de esto, los medios de comunicación deben actuar como amplificadores y defensores responsables. Su función no consiste únicamente en contar historias individuales, sino también en denunciar los crímenes, poner de manifiesto los patrones de violencia y transmitir las voces de quienes deciden hablar. Al dar visibilidad a las demandas de las supervivientes y poner de relieve las responsabilidades estructurales, pueden contribuir a desplazar la atención pública del sufrimiento individual hacia la rendición de cuentas y la prevención.

Los actores internacionales también tienen el deber de garantizar que la visibilidad se traduzca en acciones concretas, mediante cambios en las políticas, apoyo a las iniciativas dirigidas por supervivientes y un compromiso sostenido. En última instancia, la sensibilización debe estar al servicio de la protección, la justicia y el apoyo a largo plazo, y no de la exposición por sí misma.

¿Cómo pueden las organizaciones garantizar que las supervivientes participen de manera significativa en el diseño de programas y estrategias de incidencia? ¿Pueden las comunidades ser el eje central para crear redes de apoyo dirigidas por supervivientes?

Las supervivientes deben participar desde el principio, identificando prioridades, diseñando los programas y ayudando a definir los indicadores de éxito. Al mismo tiempo, la participación debe ser siempre voluntaria. Ninguna superviviente debería sentirse presionada a compartir públicamente su historia para poder recibir apoyo. Por eso situamos a las supervivientes en el centro de nuestras acciones. En lugar de hablar en nombre de las supervivientes, Stand Speak Rise Up! crea espacios donde ellas pueden liderar, participar en la toma de decisiones y transformar sus experiencias en una fuerza colectiva y en un motor de cambio social.

Las comunidades pueden y deben ocupar un lugar central en las redes dirigidas por supervivientes, siempre que existan las medidas de protección y los recursos necesarios. Las redes comunitarias son poderosas porque reducen el aislamiento y el estigma, fortalecen la solidaridad y el apoyo mutuo entre pares, garantizan respuestas culturalmente pertinentes y generan una apropiación local sostenible más allá de los proyectos a corto plazo. Sin embargo, estas iniciativas lideradas por las comunidades deben contar con una financiación adecuada y estar conectadas con marcos institucionales más amplios. Sin apoyo financiero, respaldo jurídico y medidas de seguridad, las líderes supervivientes pueden enfrentarse a represalias o sufrir nuevos daños.

¿Qué proyectos promovidos por Stand Speak Rise Up! han demostrado ser más eficaces para lograr el empoderamiento de las supervivientes a largo plazo?

No existe un único proyecto que sea más eficaz que otro cuando se trata del empoderamiento a largo plazo. En Stand Speak Rise Up!, creemos que una recuperación sostenible solo puede lograrse mediante un enfoque integral que aborde simultáneamente todas las dimensiones de la vida de las supervivientes: independencia económica, salud, educación, vivienda, reconocimiento jurídico e inclusión social.

Por ejemplo, en el este de la República Democrática del Congo, especialmente en las regiones de Kivu, apoyamos programas de formación profesional y actividades generadoras de ingresos para supervivientes de violencia sexual relacionada con los conflictos. Las mujeres reciben formación práctica adaptada al contexto local, como agricultura, pequeños negocios u otras competencias que generan ingresos, junto con apoyo inicial para poner en marcha sus propias actividades. También apoyamos la construcción y rehabilitación de viviendas para garantizar que las supervivientes y sus hijos puedan vivir en condiciones seguras, estables y dignas, algo esencial para una recuperación y reintegración sostenibles. Es fundamental que estos programas se combinen con apoyo psicosocial, ya que la recuperación económica por sí sola no es suficiente si no se aborda el trauma y no se trabaja en la reconstrucción de la confianza en sí mismas.

Del mismo modo, en contextos como Somalia o Tigray, apoyamos iniciativas que vinculan las oportunidades de subsistencia con el acompañamiento psicológico. Este enfoque dual ayuda a las supervivientes a recuperar su autonomía, restaurar su dignidad y fortalecer su resiliencia dentro de sus comunidades. Estos ejemplos reflejan nuestra convicción: el empoderamiento a largo plazo no se consigue mediante una única intervención aislada, sino a través de programas integrales que abordan las distintas dimensiones de la recuperación y permiten a las supervivientes reconstruir sus vidas de manera sostenible.

En 2025, pusimos en marcha un programa de mentoría para supervivientes de violencia sexual y niños nacidos como consecuencia de violaciones, con el objetivo de fortalecer la confianza en sí mismos y apoyar su recuperación personal. A través de formación y orientación individualizada proporcionada por mentores voluntarios, los participantes adquieren competencias concretas que favorecen su autonomía, liderazgo y capacidad para compartir sus experiencias con dignidad. Más allá de la mentoría, el programa crea un espacio de solidaridad y cocreación, fomentando el apoyo mutuo y la resiliencia colectiva dentro de sus comunidades.

¿Cree que el concepto de la violación como arma de guerra está suficientemente abordado en los marcos del derecho internacional? ¿Qué brechas existen entre el reconocimiento jurídico y su aplicación? ¿Cómo pueden cerrarse estas brechas para mejorar la rendición de cuentas y el apoyo a las supervivientes?

Muchas ONG y expertos coinciden en que el uso de la violación como arma de guerra está actualmente suficientemente contemplado en el derecho internacional. La violencia sexual en los conflictos está reconocida como un crimen internacional grave, incluidos los crímenes de guerra y los crímenes de lesa humanidad. Marcos jurídicos como la Corte Penal Internacional y el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional establecen que la violencia sexual durante la guerra está prohibida y es punible conforme al derecho internacional.

Sin embargo, el reconocimiento jurídico no siempre se traduce en una aplicación efectiva. En muchos contextos, las supervivientes siguen enfrentándose a importantes obstáculos para acceder a la justicia, entre ellos sistemas débiles de protección de testigos y mecanismos de reparación insuficientes. Por estas razones, es esencial reforzar la aplicación de las leyes existentes. Las normas jurídicas solo tienen verdadero significado cuando están respaldadas por acciones concretas, mecanismos de rendición de cuentas y un pleno respeto de los derechos de las supervivientes a la justicia, la protección y la reparación.

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