
ASSEDEL habló con Anna Strolenberg, diputada al Parlamento Europeo, sobre algunos de los desafíos más urgentes a los que se enfrenta actualmente la igualdad de género en Europa. La entrevista aborda la eficacia de marcos internacionales como el Convenio de Estambul, la lucha contra la violencia de género y la necesidad de integrar una perspectiva de género en las políticas europeas sobre el clima y la agricultura.
Fortalecer el Convenio de Estambul y la rendición de cuentas
Strolenberg destacó la importancia del Convenio de Estambul como uno de los pocos mecanismos internacionales vinculantes para combatir la violencia contra las mujeres. Si bien la mayoría de los países de la UE lo han ratificado, señaló que persisten algunas lagunas y que varios países aún permanecen fuera de este marco.
Subrayó la necesidad de una aplicación más efectiva y pidió al Parlamento Europeo que exija responsabilidades a la Comisión Europea para garantizar que los Estados miembros adopten y apliquen una legislación adecuada. Sin definiciones jurídicas claras y mecanismos de protección eficaces, advirtió, el Convenio no puede alcanzar todo su potencial para prevenir y abordar la violencia.
Abordar la violencia de género: prevención y protección
Según Strolenberg, combatir la violencia de género requiere un enfoque integral y a largo plazo. La educación desempeña un papel central, especialmente a la hora de abordar las normas y comportamientos perjudiciales entre los hombres jóvenes y los niños. Destacó que la prevención debe comenzar desde una edad temprana, y que las escuelas deben actuar como espacios fundamentales para la sensibilización y el cambio cultural.
Al mismo tiempo, señaló las deficiencias estructurales en la protección de las víctimas, especialmente la falta de suficientes refugios para las mujeres que huyen de situaciones de violencia y abuso. Según argumentó, la UE debería aumentar el apoyo financiero a los Estados miembros para ampliar estos servicios.
También advirtió sobre el creciente impacto de la violencia en línea, señalando su vínculo directo con la violencia fuera de internet. El ciberacoso y el hostigamiento pueden derivar en acoso persistente y violencia física, haciendo que los espacios digitales sean un frente cada vez más importante en la lucha contra la violencia de género.
La igualdad de género en la política climática
Al abordar el cambio climático, Strolenberg destacó que las mujeres se ven afectadas de manera desproporcionada por las crisis ambientales, pero siguen estando infrarrepresentadas en los procesos de toma de decisiones. Señaló que las mujeres suelen representar solo alrededor del 30 % de las personas participantes en los debates sobre política climática.
Para ella, una integración significativa de la perspectiva de género comienza con la representación: las mujeres deben estar “en la mesa”. También defendió la importancia de incorporar la perspectiva de género de manera transversal en las políticas de la UE, y advirtió sobre una creciente reacción política, especialmente por parte de actores conservadores y de extrema derecha, tanto contra este concepto como contra su financiación. Garantizar que las políticas climáticas incluyan recursos específicos destinados a las mujeres, especialmente a aquellas que se encuentran en situaciones de vulnerabilidad, es fundamental para lograr una transición ecológica verdaderamente justa.
Hacia una Unión Europea más feminista e inclusiva
Strolenberg apoyó abiertamente un enfoque más feminista en la elaboración de políticas de la UE, entendiendo el feminismo como un compromiso con la igualdad para todas las personas. Argumentó que las perspectivas de género no deberían limitarse a ámbitos políticos aislados, sino integrarse en todos los sectores, incluidos la migración, la agricultura y las políticas medioambientales. En su opinión, la actual falta de igualdad en Europa hace que este cambio no solo sea deseable, sino también necesario.
Apoyo a las mujeres en la agricultura y las zonas rurales
Al abordar las desigualdades en las zonas rurales, Strolenberg puso de relieve el papel de las mujeres en la agricultura, que a menudo pasa desapercibido. Señaló que las barreras estructurales —como el acceso limitado a la tierra y a la financiación— siguen colocando a las agricultoras en una situación de desventaja. Los patrones tradicionales de herencia, según los cuales las explotaciones agrícolas suelen transmitirse de padres a hijos, refuerzan aún más estas desigualdades.
Strolenberg defendió una reforma de las ayudas agrícolas de la UE y propuso alejarse de un sistema de subvenciones basado principalmente en el tamaño de las tierras. En su lugar, planteó apoyar explotaciones agrícolas más pequeñas, diversas y sostenibles, un enfoque que beneficiaría indirectamente a las mujeres, ya que tienen una mayor probabilidad de gestionar este tipo de explotaciones. Al alinear la política agrícola con los objetivos de sostenibilidad, argumentó, la UE puede promover simultáneamente la igualdad de género y la resiliencia frente al cambio climático.
ASSEDEL, con sede en Estrasburgo y comprometida con la promoción de los derechos humanos y los valores europeos, continúa siguiendo y dando visibilidad a los acontecimientos que configuran el futuro de la democracia europea y las relaciones internacionales.
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ASSEDEL